“El mundo no necesita a Amazon ni a Google, lo que necesita es una banca más ética y transparente” Joan Melé

Opinión 16 de octubre de 2018 Por
El referente de la banca ética alerta sobre la falta de conciencia del mundo financiero y los consumidores. Y sostiene que no se necesita más tecnología en un mundo donde sobran los recursos. También afirma que es posible combinar la rentabilidad de un banco con un comportamiento ético y transparente. El banquero catalán será uno de los expositores en el Coloquio de IDEA que arranca este miércoles en Mar del Plata
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Joan Melé es directo y contundente: “haré, hasta que me muera, todo lo posible por cambiar el mundo”.

La cruzada de este banquero catalán es convencernos a todos de que es posible combinar la conciencia, la ética y la sostenibilidad con la banca y la industria. Dice que el modelo económico mundial está basado en el egoísmo y hay que cambiarlo. Melé será uno de los expositores en el 54° Coloquio de IDEA que arranca este miércoles en Mar del Plata, donde el eje temático de este año será “Cambio Cultural: soy yo y es ahora”.

-¿Que es una banca ética?
-Una banca ética es, primero, una que tiene conciencia de que no es la propietaria del dinero sino que solo gestiona el dinero de sus clientes. Por lo tanto, lo único que hace es definir de una manera muy clara en qué tipo de empresas va a invertir y en cuáles no. Y explica los motivos. Y son motivos éticos, No solo hace inversiones para ganar dinero sino que también mira la ética de las empresas. La ética significa cómo trata a sus trabajadores, a sus proveedores, a sus clientes, al medio ambiente. El primer punto a definir son los criterios con los que voy a invertir, en qué sí y en qué no. Segundo, transparencia total. Explícame hasta el último céntimo cuáles son las empresas las que has hecho la inversión, para que la gente sepa si estás haciendo algo correcto o incorrecto. Hay un tercer punto: que también haya muy poca diferencia de salarios entre los directivos y los empleados. En un banco convencional esta diferencia pueden ir desde 100 hasta 1000. Aquí, en la banca ética, no llega a 10 veces.

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-La banca y los gestores de fondos tienen una responsabilidad fiduciaria de rentabilizar lo que invierten sus aportantes, ¿no?
-En primer lugar, hay que mirar si el modelo de los fondos de inversión que buscan la máxima rentabilidad del mundo es el correcto. Este modelo económico provoca la destrucción del planeta. Pero ese no es el peor problema: más grave es que la mayor parte del dinero que se mueve en el mundo es pura especulación: mercado de futuros, de derivados, de divisas. O sea: ‘ya no invierto en nada para producir. Estoy especulando’.

-¿Pero eso no hace más eficiente el uso del capital? Es lo que hizo posible empresas como Amazon, Google o Mercado Libre.
-Dormiría igual. No me preocupa. El mundo no necesita a Amazon ni a Google. A lo mejor hay otras cosas. Pero si miramos como un éxito ganar dinero, entonces pongamos como empresario de éxito a Pablo Escobar. Un hombre que ganó millones. ¿Dónde ponemos el límite? El límite está en que el cliente pueda decir si busca la máxima rentabilidad, o que se empiece a preguntar – como está pasando ahora,– ‘no, yo quiero empresas que respeten los derechos humanos, que respeten el medio ambiente’. Ahí está el límite. Y además, el hecho de buscar siempre la máxima rentabilidad en todo el mundo, dando vueltas, provoca problemas. Y de allí que tiene que haber límites a la especulación financiera. Esta especulación provoca altibajos, burbujas que revientan y acaban pagando los más pobres. Este modelo de maximizar beneficios para mí es nefasto. Hay que acabar con esto. O por lo menos que la gente pueda decidir.

-¿Entonces cuál es su alternativa?
-¿El mandato es que tengo que ganar lo máximo? Es que este no es un mandato. Sí, ganar un máximo que sea compatible con los derechos humanos. Y esto es lo que hay que introducir. Y nosotros lo hemos hecho en Europa con la banca ética y gente con muchos millones ha decidido cambiar y prefieren una rentabilidad social y medioambiental a una rentabilidad económica –que también la tienen-. No se trata de perder, se trata de ganar, pero que ganemos todos.

-Hay fondos de inversión como el de Noruega y Blackrock, en Wall Street, que están poniendo en práctica el concepto de la inversión sustentable, pero son los menos. ¿Cómo hacer para que esto funcione a nivel masivo y no se quede a nivel de nicho?
-El primero que hace algo nuevo es un loco, el segundo convierte al loco en líder y después vienen los demás. Cuando empezamos la banca ética éramos una pandilla de locos. Hoy hay más de 50 bancos en el mundo con más de 40 millones de clientes. Es poco, pero es un movimiento imparable. Ya lo estamos extendiendo por toda Latinoamérica y está movilizando a miles de personas. El sistema financiero se encargó de que la gente no se entere de nada. Pero eso se va a acabar porque vamos a difundir conciencia para que la gente no permita que con su dinero se hagan cosas en el mundo en contra de sus valores. ¿Va a ser rápido? No, lo que tardemos en difundir esa conciencia. Este es un movimiento imparable.

-¿Por qué es tan optimista?
-Habrá gente que va a luchar para que se mantenga el antiguo sistema porque a ellos les va bien y porque no tienen ningún tipo de escrúpulos. Ya sabemos que hay gente sin escrúpulos, incluso diría ‘enferma’, que sólo piensan en ganar millones y cuando le pregunto ‘para qué quieres más millones’ –llevo 42 años en el mundo financiero– jamás me han sabido contestar, ¡jamás! Se sienten incómodos. Se ponen nerviosos. La incomodidad es total. Pero hay que hablar de esto porque hemos perdido el norte: ganar dinero o ganar dinero. Y crecer y crecer. La economía mundial tiene que madrugar.

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- ¿No es más fácil sostener el argumento de la banca ética en países donde las necesidades básicas ya están cubiertas? Mal que mal en la Argentina y otros países de la región aún estamos tratando de resolver cuestiones básicas, donde hay colegios sin techo y mucha gente que no gana suficiente para lo más básico para poder alimentar a su familia.
-Es que la banca ética está diseñada para que la gente que está acomodada, y que en Argentina hay muchos –clase media y clase alta–, traigan su dinero para poder financiar empresas y proyectos que creen riqueza y que creen empresas en lugares donde hay sólo subsistencia. Yo me estoy encontrando muchos proyectos económicos de empresas, no microfinanzas. Proyectos desde US$ 30.000 a US$ 300.000, que generarían miles de puestos de trabajo pero que no se pueden hacer porque ningún banco quiere financiarlos. Porque no entienden al sector, o les da miedo o no les interesa, o simplemente porque ganan más especulando. No estoy hablando de hacer caridad. Estoy diciendo que vamos a hacer una economía en la que el dinero circule y acabe con la pobreza. Por eso debemos hacer una banca ética, para que el dinero –a la gente a la que le sobra dinero, que no saben qué hacer con él–, en vez de que vaya especulando por el mundo, ayude a su propio país a financiar empresas que no tienen más riesgo que otros proyectos. Y estas empresas van a crear miles de puestos de trabajo.

-Hay ciertas condiciones básicas en la institucionalidad de los países que tiene que existir para que funcione la banca ética? ¿Requisitos de capital?
-No, yo creo que se puede hacer en cualquier país y tenemos ejemplos que van desde una banca ética en Afganistán o en Mongolia. Hay legislaciones de países que complican más el funcionamiento. Pero nosotros en Europa, en el Triodos Bank, tenemos nuestra propia autorregulación que es mucho más exigente. Para nosotros, la primera norma ética es regularnos bien para no arriesgar el dinero de la gente. Por lo tanto, un banco ético tiene que cumplir con la legislación como todos los demás, con los ratios de solvencia y de morosidad. La banca ética no presenta mayores riesgos.

-¿Y cómo es posible que funcione y sea rentable?
-Uno de ‘los trucos’ es que los equipos directivos no ganan millones. O sea, los costos salariales comparados con otros bancos son mucho menores. Lo mismo con gastos en oficinas y lujo de despachos. El gasto está controlado y eso nos permite dar préstamos – según en qué sectores– con tasas de interés mucho más competitivas, para que puedan salir adelante. Y espero poder hacer lo mismo en Argentina, donde he visto bancos que ofrecen préstamos a 50% o endeudando a la gente con tarjetas de crédito y préstamos de consumo. Este es el tipo de productos que van a hacer endeudar más a las familias que no pueden. El préstamo es para crear empresas, para producir no para consumir aquello que no necesitas.

-¿Cuáles son los obstáculos que impiden que este concepto se masifique?
-Uno es la tendencia a la comodidad, que está instalada en nuestras sociedades desde hace demasiado tiempo. Todo debe ser fácil, cómodo, rápido. ‘No me compliques la vida. El mundo lo tiene que cambiar otro’. También hay una falta de confianza. Que es la que nos estamos ganando ahora. En España la palabra banquero es casi un insulto. El peor sector, el que menos confianza genera. Y hemos despertado la confianza de cientos de miles de personas. Porque cuando tú hablas directamente y la gente te ve bien, se da cuenta si estás vendiendo algo o si eres auténtico. En España hemos conseguido ganar la confianza de la gente en el banco y esto para mí ha sido un éxito. Y lo vamos a hacer en Argentina a pesar de sus pesares. Ya lo estamos consiguiendo en Chile, Colombia y Brasil. Pero hay que vencer la resistencia a la comodidad. Para mí es el cambio cultural más difícil. El decir ‘el mundo tiene que cambiar y yo soy el que tienen que cambiarlo’.
Lo demás son dificultades normales que te encuentras cuando creas una empresa. No es más difícil que otra cosa.

-Da la impresión que el cambio no pasa entonces sólo por tener una banca ética.
-También estamos fomentando un cambio en el consumo. Cuando me voy a comprar una camisa quero saber quién la ha hecho, en qué país y en qué condiciones. No me interesa que sea una marca de moda y es muy barata, porque si a cambio ha sido hecha en Tailandia o en Bangladesh y mueren mujeres que trabajan en condiciones inhumanas. Yo no puedo comprar esa marca. O estoy comiendo un producto que no sé si están envenenado de pesticidas y fertilizantes, o es un producto orgánico de proximidad. Este cambio de conciencia es lo que viene ahora y cuesta porque tenemos que difundirlo no solo en los medios de prensa, sino las propias personas, a nuestros amigos, nuestros familiares. Tenemos que cambiar. Este es el cambio más difícil. El cambio de pasar de la rutina, de la comodidad y el precio. Nada barato es barato. Cuando algo es muy barato alguien lo va a pagar por ti.

-¿Hay espacio para la banca ética y Wall Street? Mal que mal estamos viviendo en un mundo que es extraordinariamente mejor que el de hace 50 años. El sistema, con todos sus bemoles, ha logrado bajar radicalmente la pobreza en el mundo.
-No se si estoy muy de acuerdo con que hay menos pobres que antes. A mi esas cifras del Banco Mundial me parecen una farsa. No podemos hablar de números y de pobres en un mundo en el que sobran recursos y sobra dinero. No podemos decir que estamos mejor, porque se despilfarran recursos en el mundo. Y el problema es el modelo económico. Eso es lo que hay que cambiar. ¡La cantidad de comida que se tira! Podríamos alimentar a la población que pasa hambre durante 3 años. ¡Y esto se permite! Y hablamos de Google y de Amazon. Porque la tecnología no se pone para estas cosas. Me refiero a que el problema del mundo no es que nos falte más tecnología. No nos faltan recursos, falta conciencia.
Entonces, sí que hay espacio para la banca ética. Espero que no haya espacio para la que no lo es. Esto es lo que tenemos que provocar. Y no es una utopía, es una necesidad. Vamos a seguir luchando, convenciendo a la gente y diciendo, ‘espero que no duermas y que te sientas mal haciendo lo que estás haciendo’. Vivíamos sin Amazon. Yo no digo que esté mal o bien, me da igual. Con la inteligencia que tenemos, con los recursos científicos tecnológicos y económicos que tenemos, los problemas del mundo se acabarían en un año, o en seis meses. Somos indiferentes al dolor ajeno. Tenemos un problema moral grave.

-¿No cree que la sociedad está tomando conciencia y los gobiernos y empresas cambiando sus formas?
-No. Y siempre voy a ser muy contundente con esto. Existe el hambre y la pobreza porque no nos hemos propuesto acabar con ello. Los objetivos del Milenio de ‘reduciremos a la mitad el hambre’. ¡Cómo que a la mitad! Debería haber sido ‘acabaremos con el hambre en el mundo’. No quiero decir que no se están haciendo cosas. Los objetivos de desarrollo sustentable de las Naciones Unidas se están cumpliendo, pero las empresas no los tienen como prioridad. Siguen en esa enfermedad de que hay que ganar el máximo de dinero posible. Esto es una enfermedad social. Hemos creado el ‘homus economicus’. Ganar dinero tiene que ser un resultado de todo lo demás, no el objetivo en sí mismo.

-¿Optimista o pesimista sobre lo que se viene?
-Totalmente optimista porque siempre me planteo que el mundo depende de mí, por lo tanto yo estoy haciendo, y haré hasta que me muera, todo lo posible por cambiar el mundo. E intentaré contagiar a todo el mundo.

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