Gelbard, FATE y ALUAR

Opinión 13 de enero de 2019 Por
Mundo Empresarial te acerca el extracto del libro "Autonomía Tecnológica" de Bruno Pedro de Alto que relata la relación de Gelbard con la industria nacional Parte 1 de 3. Cada Domingo.
jose ber gelbard mundo empresarial

Primera parte.

Gelbard y los Madanes.

José Ber Gelbard, nació en 1916 en Polonia. Junto a su familia emigró a la Argentina en 1930. Se habían sumado a la oleada inmigrante judía que mayoritariamente tenía oficios comerciales. La familia instaló un negocio de venta de camisas y corbatas en la provincia de Tucumán, la que con el tiempo se extendió a la provincia de Catamarca1.

Su primera actividad gremial fue formar parte de la Asociación Israelita de Vendedores Ambulantes dando así inicio a una larga carrera como representante empresario. Como Presidente de la Federación Económica Tucumana, organizó en 1948, el primer Congreso Económico del Norte Argentino, con el objeto de analizar los problemas de desarrollo de la región. De esta manera se logró crear allí la Federación Económica del Norte, una verdadera organización de pequeños y medianos empresarios nacionales. Desde entonces Gelbard creció políticamente2 y gravitó desde fines de la década de los ’40, hasta avanzada la década de los ´70. Laboriosamente creó una organización empresarial que llegó a albergar a 3 Confederaciones, 20 Federaciones, 1200 cámaras empresarias y sumó alrededor de medio millón de afiliados.

El pensamiento económico de Gelbard se institucionalizó en la Confederación General de Empresas, la CGE, y se expresó en las siguientes ideas: el desarrollo del país será fruto de una planificación con plena participación de todos los sectores y zonas, el régimen impositivo vigente es regresivo y deberá ser modificado, se deberá sancionar una ley de promoción industrial que ataque el proceso de desnacionalización de la economía y regule la instalación de empresas extranjeras la cual deberá hacer bajo condiciones acordes las necesidades del país; se deberá consolidar un gran mercado interno aumentando la capacidad de consumo de los trabajadores, reforzando la industria de base y diversificando el comercio exterior, además de la defensa del salario real y un régimen de seguridad social y de educación que estará orientado a contener a los más pobres y capacitarlos en función de una formación científica y humanística.

La configuración y representatividad de la CGE como herramienta de las pequeñas y medianas empresas, y las dotes de su conductor, permitieron que esas ideas se constituyeran en una propuesta económica influyente en la segunda parte del gobierno militar iniciado en 1966, y el núcleo de la propuesta del tercer peronismo en 1973. De esa manera, los empresarios de la CGE se transformaron en la contracara de la historia “natural” de los negocios en Argentina, es decir la Sociedad Rural, la Bolsa de Comercio y la Unión Industrial.

La caída del peronismo en 1955 significó un repliegue forzoso de la CGE, dado que fue intervenida por el gobierno militar de Aramburu. A José Gelbard, se le vedó la posibilidad de poseer bienes a su nombre y pasó necesidades económicas. Por estas razones, Adolfo Madanes, quien junto a su hermano Manuel, era titular de la empresa nacional de neumáticos Fate, tuvo la iniciativa de abrirle las puertas de la empresa y lo designó asesor en comercialización, para que pudiera cobrar honorarios, ya que era lo único que la dictadura le tenía permitido a Gelbard. Con esta incorporación, se saldó un favor cuando en 1951 Gelbard operó con el gobierno peronista a favor de Fate en detrimento de las firmas extranjeras de neumáticos presentes en Argentina. Desde las oficinas de la empresa en la calle Brasil de la Ciudad de Buenos Aires siguió tejiendo sus proyectos.

Fate era una sociedad de cinco hermanos. Pero ya en 1965 los dos menores, Marcos y Víctor, le habían vendido partes de sus acciones a Manuel, por lo que decidió tomar el control de la empresa para desarrollar los planes de expansión de la firma con diversificación y tecnificación. Quien le permitió dirimir la situación a su favor y en detrimento de Adolfo, prestándole el dinero necesario para la operación, fue Gelbard. Un año después Gelbard va a formalizar su presencia en Fate y se constituye formalmente como socio. En 1966, Manuel Madanes, Rebeca Madanes y José Ber Gelbard firmaron un acuerdo privado: crearon Pecerre SA, figura societaria cuya función era controlar Fate y los futuros negocios conjuntos. El acceso de Gelbard a la sociedad se hizo a través de su reconocimiento como titular del préstamo de 1965, por lo que quedó como dueño del 19% de Fate, mientras Manuel consolidó el 57%. Juntos, controlaron definitivamente a Fate, sólo con el asentimiento de Rebeca. El hijo de Adolfo, Javier Madanes Quintanilla, hoy actual presidente de Fate, lo recuerda así:

Mi padre no quería socios con actividades políticas. En cambio, mi tío (Manuel Madanes) invitó a incorporarse a la compañía al ex ministro de Economía José Ber Gelbard. Eso creó entre ellos un abismo de diferencias3.

Es bueno recordar es que fue justamente Adolfo, y no Manuel, quién llevó a Gelbard, en 1955, para trabajar en Fate.

Desde esa posición dominante en la empresa Manuel Madanes encontró una mayor libertad de decisión para encartar técnicamente postergadas aspiraciones de tecnificación y diversificación de FATE que nunca pudo conciliar con su hermano Adolfo. Para ello tuvo un consejero de lujo: Manuel Sadosky.

Manuel Sadosky y Manuel Madanes fueron amigos desde jóvenes. Cursaron juntos la carrera de Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires, pero Sadosky al llegar a segundo año, vio claramente que eso no era lo que le interesaba, y optó por la carrera de fisicomatemática. Conservaron su amistad, pero el derrotero del fisicomatemático por la Universidad de La Plata y Europa la entre 1932 y 1949, los alejó. Pero el regreso y la destacada trayectoria de ambos, los reunió nuevamente.

Manuel era generoso con la gente de su afecto: cuando en el año 1966 Sadosky se vio desplazado de la UBA, a raíz de los sucesos de la “Noche de los bastones largos”, recibió su apoyo en los dos emprendimientos con los que el creativo e inquieto matemático se había involucrado: la consultora “Asesores Científicos Técnicos SA” y la Revista “Ciencia Nueva”. A la primera, le dio trabajo, y luego contrató algunos de sus miembros como a otros tantos científicos cesantes de la UBA, para resolver problemas tecnológicos en la fábrica de neumáticos. Más tarde, en la Revista “Ciencia Nueva”, y a partir de su número 6 en 1970, pauta publicidad de las calculadoras de la División Electrónica de FATE.

En ese ir y devenir tecnológico – comercial – solidario, Manuel Sadosky le sugiere a Madanes la creación de la Gerencia de Investigación y Desarrollo para fortalecer el tema de la tecnificación y la diversificación. Para ello propone a Carlos Varsavsky para el puesto. Quien – para sorpresa de muchos - llevó puntillosamente adelante la creación de la División Electrónica de Fate y luego como Gerente Técnico condujo el complejo proyecto de Aluar.

Una idea atrevida: la diversificación. Los militares y ALUAR.

Sorprendentemente un físico y astrónomo ingresa al mundo empresario y obtiene logros memorables. Varsavsky, se hace cargo de una gerencia. Y para ello se vale de una materia prima que domina a la perfección: el conocimiento. Sus primeras tareas, en 1968, fueron comprender el proceso de fabricación del neumático y valorar el acuerdo de asistencia técnica con la General Tire. Observó, preguntó, analizó y finalmente – como buen científico – modeliza el acceso a la tecnología como recurso estratégico para la empresa.

Desde esa Gerencia comandó tecnológicamente las diversificaciones encaradas por Fate luego de concretarse el cambio societario: la División Electrónica de Fate (1969) y Aluar (1970). Ambas experiencias son no solo desde el punto de vista corporativo y sino también desde el punto de vista tecnológico. La experiencia en Electrónica se hizo desde la misma Fate creando una División dentro de la empresa. En cambio, Aluar es otra empresa, y se crea ad doc para participar del proyecto de aluminio nacional.

La División Electrónica se creó entonces en 1969. Con la marca Cifra lanzó con componentes mayoritariamente nacionales la producción escalonada de calculadoras de escritorio y de mano. Más tarde puso en el mercado la Cifra 1000, una computadora de origen nacional que competiría con la poderosa IBM 370.

La otra diversificación, el ingreso de Fate al negocio del aluminio, tuvo otro desarrollo el cual se relacionó en forma estrecha con las políticas públicas de industrialización de aquel entonces a comienzos de la década de 1970 y con el propósito explícito de producir aluminio primario, el Estado – en manos del gobierno de Onganía – promovió mediante una serie de acciones la creación de una planta productora de aluminio en suelo argentino.

El aluminio era un metal relativamente moderno, que se había desarrollado a pleno durante la segunda mitad del siglo XIX. Se sabía estratégico por necesidad en la industria militar, sumado al concepto de ser “el metal de la independencia” dado su uso en la construcción de barcos y aviones. De ese modo, la industria del aluminio representó un claro ejemplo de participación del Estado en el desarrollo industrial.

En nuestro país, existieron intentos de provisión a nivel local. Estos fueron de diversa índole y origen. Todos habían fallado y no solo eso; el Segundo Plan Quinquenal del Peronismo lo había asumido como un objetivo prioritario. Pero allí también su avance fue nulo. Finalmente, con la llegada del Gobierno Militar, en el año 1966, con sectores internos que se mostraron como industrialistas y nacionalistas, el tema del aluminio fue retomado. La necesidad de instalar una planta industrial capaz de autoabastecerse y exportar sus excedentes, que al mismo tiempo revirtiera la balanza comercial argentina en el área de los metales livianos fue impulsada por la Aeronáutica. Esto era necesario ya que al finalizar el período de substituciones que presentaba un déficit de 300 millones de dólares, fue impulsada por la Aeronáutica. El proceso se presentó lleno de tensiones.

Las razones por las que este sector militar pretendía desarrollar la producción local eran bastante claras en vista de los requerimientos estratégicos de ese material para la fabricación de aviones. Aun así, en ese sentido resulta significativo responder por qué se habían generado fricciones con sectores del ejército en torno a ese proyecto y por qué no se promovió la instalación directa de una empresa estatal, como se había hecho en el caso de la siderurgia o se promovían en la petroquímica. El tránsito burocrático que permitió destrabar el proyecto y a la vez obstaculizar otros revela las dificultades y las presiones a las que estaban sometidos el Estado y sus distintos organismos en esos años y cómo se tomaban (o se retrasaban) decisiones claves desde el punto de vista industrial sobre las que parecía existir un importante consenso4.

El gobierno militar creó la Comisión Permanente de Planeamiento del Desarrollo de los Metales Livianos (COPEDESMEL); firmó un convenio conjunto con el Gobierno de Chubut y con el Municipio de Puerto Madryn para instalar allí una planta de aluminio; dictó el Programa de Desarrollo de la Industria del Aluminio; y declaró de “Interés Nacional” la producción de aluminio5. Todas estas medidas mostraban su plan de acción y en su mayoría llevaban las firmas de los Generales del Ejército Juan Carlos Onganía, Presidente de facto y Jorge Esteban Cáceres Monié, Ministro del Interior6.

Gelbard y Madanes tomaban nota de la información que les iban llegando de sus contactos cercanos al Gobierno. Éstas decían que se llamaría a Concurso Público para crear una planta de aluminio y se abriría la licitación de una Central Hidroeléctrica, y los beneficios impositivos para su puesta en marcha, un negocio conjunto que sumaría u$s 480 millones7.

Para participar del concurso Fate constituyó la empresa Aluar SA (sin declarar que Pecerre era ya entonces la sociedad que controlaba a Fate). Para ello inició contactos con empresas que contaran con de la tecnología para afrontar juntas el emprendimiento. Carlos Varsavsky, como Gerente Técnico de Aluar, explicó en abril de 1972 dicha búsqueda de socios tecnológicos y las razones de la estrategia resumida en los siguientes criterios:

Por aquel entonces en la República Argentina no se había pensado anteriormente, ni existía ninguna fábrica de aluminio primario. “No encontré ningún argentino que se haya dedicado a la fabricación de aluminio en el mundo entero”. Había que buscar un socio extranjero8.
Por los plazos exigidos en el Concurso no había posibilidad alguna de desarrollar siquiera el elemento básico de la tecnología del aluminio que es la cuba electrolítica porque ésta necesita de un período de prueba de cuatro años en producción.
Se consultó cuáles empresas entre las más importantes del mundo no se presentarían al Concurso que se realizaba en la República Argentina, y se verificó que había muchas que no lo harían.
La política era comprar tecnología a una empresa extranjera, sin obligaciones futuras, sin pagar royalties por tonelada producida. Adquirir lo necesario para arrancar y de ahí en más desarrollar tecnología propia9.
En enero de 1970 se lanzaron las licitaciones de la Central de Futaleufú y se realizó el llamado a concurso público de una Planta de aluminio. En mayo de 1970 se abrieron los sobres y se conocieron públicamente las ofertas de cuatro oferentes. Una de ellas, Pralsa (elaboradores de la Cámara Argentina de la Industria del Aluminio asociada con la British Smelter inglesa) es la que planteó duras objeciones al resto de los postulantes y desde aquellos planteos nacieron y se sucedieron las alternancias que hicieron dilatar la resolución y que finalmente ante la declaración de concurso desierto, el Gobierno Militar contrató directamente a Aluar en enero de 1971 para la ejecución del proyecto de la planta de aluminio10.

Entre mayo de 1970 y abril de 1971, el Gobierno militar sufrió convulsiones internas que se evidenciaron en la sucesión de tres presidentes de facto: Onganía, Levingston y Lanusse. Sin embargo, el General Cáceres Monié, como Ministro del Interior, y el Brigadier Rey como Comandante de la Aeronáutica se mantuvieron en sus cargos y pilotearon el proceso, con el conocimiento y aval estrecho del general Lanusse.

Al asumir Onganía la presidencia de facto, Lanusse había comenzado a constituirse como el hombre verdaderamente fuerte de ese régimen desde su rol de Jefe del Ejército. Fue él quien digitó el relevo de Onganía por Levingston en el año1970, con la orden de buscar una salida electoral donde el peronismo volvería a ser protagonista. Eso significaba una crisis grave para los militares y su gobierno: porque justamente era lo que en definitiva quisieron evitar desde el golpe de 1955. En ese terreno de incertidumbres, el General Alejandro Agustín Lanusse urdió una salida electoral en la que el peronismo no quedaba proscripto pero que no contaría con su líder Juan Domingo Perón como candidato. La idea de Lanusse era que el Gran Acuerdo Nacional (GAN) que iba a lanzarse fuese una inédita alianza electoral cívica – militar donde él se ubicaría a la cabeza. Esas aspiraciones de poder, fueron hábilmente aprovechadas por Gelbard, quien ciertamente ya representaba en gran medida a Perón en el frente empresarial y en gran medida en el sector político. Fueron meses de mucho trajín donde Gelbard intermedió entre Perón y Lanusse. Pero en realidad ganaba tiempo político para cerrar sus negocios con los militares, y al mismo tiempo para que viejo caudillo frustrara la preeminencia política de Lanusse.

En ese ínterin donde se dieron las negociaciones políticas entre Gelbard y Lanusse por el proceso electoral, Fate obtuvo en abril de 1971 el Decreto 206 por el cual se contrató en forma directa a Aluar, y en septiembre de 1971, el Decreto Nº 4384 que otorgó promociones a la División Electrónica de Fate.

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1 María Seoane. El burgués maldito. Los secretos de Gelbard, el último líder del capitalismo nacional. Editorial Sudamericana. Año 2002
2 Su patrimonio también crecerá en virtud de buenos negocios y gestiones; será el administrador más brillante del Partido Comunista Argentino (PCA). Gelbard también integró un grupo cerradísimo de funcionamiento del PCA, conocido como “El Directorio”. Su función era lograr administrar empresas con capitales propios del partido o acceder a empresarios considerados amigos, logrando de esta manera financiar la tarea revolucionaria. Gelbard también tendrá la virtud de tejer extraordinarias amistades con jefes de Estado; empresarios diplomáticos, militares, periodistas y su máximo logro personal: granjearse la amistad y confianza del General Perón, que lo honrará nombrándolo Ministro de Economía en 1973. Fuente: Isidoro Gilbert. El oro de Moscú. Historia secreta de la diplomacia, el comercio y la inteligencia soviética en la Argentina. Editorial Planeta. Agosto. Año 1994.
3 Diario La Nación. Una empresa acostumbrada a los conflictos judiciales. Domingo 08 de octubre de 2000.
4 Marcelo Rougier. Estado y empresarios de la industria del aluminio en la Argentina: el caso Aluar.Universidad Nacional de Quilmes. Año 2011.

5 Hipólito Solari Yrigoyen. El escándalo Aluar. Rafael Cedeño Editor. Año 1977
6 Gelbard estaba instalado en las oficinas de Fate en el edificio de Garay 1, de la ciudad de Buenos Aires. Allí hablaba de política con consentimiento de Madanes, con referentes del radicalismo y el desarrollismo, quienes tenían llegada a los influyentes militares: el general Cáceres Monié y el brigadier Rey. Así, con un olfato fino, supo de buena fuente sobre el armado del andamiaje institucional y del posterior llamado a concurso público para construir la planta de aluminio en Puerto Madryn. Fuente: María Seoane. Ibíd.
7 La importancia de la central eléctrica en el proyecto de la planta de aluminio radica en que este tipo de industrias es demandante por excelencia de este tipo de energía porque el aluminio se reduce de la materia prima alúmina por circulación de grandes cantidades de corriente a alto voltaje.
8 Montecasini Edison, una empresa italiana fundada en el año 1929, fue finalmente la elegida por Fate.
9 Carlos Varsavsky. Exposición sobre “Ciencia y Tecnología argentinas en la industria”. Biblioteca Fundación Bariloche. Año 1972.
10 Las razones definitivas de por qué el gobierno de Lanusse contrata directamente a Aluar no han sido dilucidadas. La trama de negociaciones entre política y negocios entre Gelbard y Lanusse es una posibilidad; también la sencilla razón de que entregarle el negocio del aluminio a una empresa nacional era acorde con la corriente de nacionalismo que caracterizaba ese momento histórico previo al retorno del peronismo

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