Pasar el invierno

Opinión 19 de mayo de 2018 Por
#PanoramaSemanal por Alejandro Bercovich. Esta semana devaluado, Macri ahora sólo juega a pasar el invierno.
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En pleno supermartes de vencimiento de Lebacs, Mauricio Macri le dedicó más de una hora a un grupo de realizadores ingleses encabezado por el periodista John Carlin que prepara un documental sobre Lionel Messi y el fútbol argentino. Al despedirlos, todavía apesadumbrado por la decisión de no viajar al Mundial a la que lo forzó la corrida cambiaria, les agradeció calurosamente.

—No saben lo bien que me hicieron al hablarme de esto.

Fue un breve bálsamo en medio de la tormenta. El Presidente sabe que la devaluación, el pánico por la corrida y el inesperado regreso al Fondo Monetario dañaron severamente su imagen, ya desgastada desde diciembre por el recorte a los jubilados, la aceleración del tarifazo energético y las paritarias por debajo de la inflación. La estanflación que ahora vaticinan incluso los más entusiastas cambiemitas para el resto del año amenaza con enterrar lo que el establishment daba por hecho hasta hace apenas dos meses: la reelección.

Esa tarde, antes de buscar refugio en su pasión, Macri venía de entregarle todos los joysticks de la economía a Luis Caputo, incluyendo la desahuciada mesa de operaciones del Banco Central. Superado el vencimiento, que el ministro de Finanzas le había garantizado el domingo en Olivos, todavía le quedaba por delante la tarea de explicarle a la población la disparada del dólar. Y la de reconstruir los lazos internos del mejor equipo de los últimos 50 años, cuyo capitán Marcos Peña llegó a ofrecerle su renuncia durante el viernes de furia en el que también amagaron con irse sus escuderos Mario Quintana y Gustavo Lopetegui.

Aunque en la conferencia de prensa de anteayer procuró dar por terminada la crisis, y apenas se autocriticó haber sido "demasiado optimista", el mandatario y sus ministros son conscientes de que su vía crucis recién empieza. Las tarifas de gas, que el 69% de los habitantes de Buenos Aires y el Conurbano ya consideran "caras" o "impagables" según una encuesta del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), volverán a aumentar en octubre según el cronograma que fijó Juan José Aranguren. Antes se aplicarán a los consumos del invierno, aunque todavía nadie sabe quién absorberá el sobrecosto derivado de la devaluación. Ayer, el sitio especializado EconoJournal publicó que las petroleras advirtieron a las distribuidoras que no aceptarán que les paguen el fluido consumido en febrero al tipo de cambio de $18,33 que fijaron por contrato en diciembre. También rechazan que el precio de u$s 4,68 por millón de BTU que rige desde abril se liquide a los $20,35 por dólar pactado para el lapso abril-junio. Lógico: ayer la divisa cerró a $24,32 entre bancos y a $24,89 al público.

Aranguren evalúa dar marcha atrás con la dolarización de ese mercado, como Macri le ordenó hacerlo con la liberación del precio de los combustibles a solo seis meses de haberla instrumentado. No le quedó opción: si la mantenía, las subas simultáneas del dólar y del barril de crudo lo obligaban a subir otro 35% en plena corrida la nafta y el gasoil. Optó por patear el problema para después del Mundial. Pero con el gas es más difícil. Barones del petróleo como Marcelo Mindlin (Pampa Energía) y Alejandro Bulgheroni (Panamerican Energy) ya empezaron a hacer más cansina la perforación de nuevos pozos hacia Vaca Muerta. Al Macri devaluado nadie le regala nada.

Todos contra todos

Desde la famosa tablita de Martínez de Hoz, ningún gobierno anunció jamás una devaluación. Las subas del dólar, siempre impopulares en el país que atesora más billetes verdes por habitante fuera de Estados Unidos, suelen ser culpa de un malvado CEO de Shell, de unos grupos económicos que responden con el bolsillo o de una oposición tildada de demagoga por hacer lo que indica su nombre: oponerse. Lo cierto es que los gobiernos suelen devaluar cuando no les queda alternativa y necesitan licuar a la vez el gasto público, los salarios y un déficit externo inflado por la fuga de capitales, que el año pasado obligó a tomar deuda externa por u$s 30.000 millones.

Cuando el mercado local daba por concluida la deva que arrancó a mediados de diciembre y que el Gobierno potenció deliberadamente con sus anuncios del 28, Caputo avisó hacia adentro que con el dólar a $20,50 no alcanzaba. Corría marzo y maduraba la decisión oficial de devaluar un poco más. Sturzenegger, todavía dolido por la desautorización de aquel Día de los Inocentes, soltó las riendas y dejó hacer. Algún día deberá explicar por qué malvendió reservas prestadas por más de u$s 10.000 millones, quiénes se las llevaron y cómo fue que terminó apostando en el mercado de futuros con más optimismo que Alejandro Vanoli en 2015. Por ahora se yergue victorioso. El viernes de furia, cuando el dúo Lopetegui-Quintana quiso irse y arrastrarlo consigo, Macri lo ratificó en el cargo.

El desmadre de estas últimas dos semanas ya no estaba en los cálculos, como tampoco lo estaba recurrir antes de las elecciones al Fondo Monetario. Eso fue, según la decena de fuentes empresariales y oficiales consultadas por BAE Negocios para esta nota, un vector resultante de dos fuerzas: la velocidad con la que los fondos de Wall Street decidieron bajarse de la bicicleta en pesos para realizar sus ganancias en moneda dura y los tartamudeos del Central a la hora de fijar un límite a la cotización. A lo primero, Macri se expuso cuando decidió barrer con todas las regulaciones que había para la entrada y salida de capitales especulativos, que recomienda el propio FMI y que sostienen países sin máculas populistas como Chile. Lo segundo se potenció por la interna "todos contra todos" que se apoderó del gabinete.

A Sturzenegger solo lo defendió en plena corrida uno de sus antecesores, Roque Fernández, que ante el abismo de 2001 proponía dolarizar la economía. Hasta su mentor político, Domingo Cavallo, y quien de jovencísimo le dio su primer empleo como economista, Miguel Angel Broda, lo criticaron. "Tuvo tres políticas de intervención distintas en 50 días. Tenemos buenos jugadores pero no venían jugando bien", lo retó por radio -cariñosamente- el patriarca de los gurúes de la City.

La Patria y los hombres

Los empresarios más poderosos siguen apostando a la reelección de Macri. Los dueños de dos de las primeras diez fortunas del país lo ratificaron ante este diario un par de horas antes de que Macri ensayara en Olivos su cover duranbarbeado del agónico "hay que pasar el invierno" de Alsogaray. Con su histrionismo intacto a los 75, Broda resumió en una frase el porqué de ese apoyo: "Esta administración abrió una luz de esperanza para superar una decadencia de décadas", dijo. Es lo que piensa la élite dentro de la élite. No deja de ser el primer hijo de sus entrañas que llega por los votos a Balcarce 50. Y siempre conviene ahorrar costos de intermediación.

Obsesionado por mejorar la mala reputación que se ganó en Latinoamérica en los 90 y en la Europa meridional en la última década, Rice insistió ayer en desmentir que el organismo vaya a ordenarle a la Argentina dónde y cómo recortar. Pero tal como se advirtió en esta columna el viernes pasado, lo que el Gobierno promociona como un préstamo es para el Fondo un programa, cuyos giros de dinero solo se dan a cambio del cumplimiento de estrictas condiciones. Al hablar de Argentina, Rice pronunció ayer cuatro veces la palabra "programa" y ninguna vez la palabra "préstamo". Y en la propia web del FMI se aclara que todos los programas stand-by "de alto acceso" (como los que tienen Irak, Jamaica y Kenia) se iniciaron para ayudar a esos países a reestructurar sus deudas y evitar cesaciones de pagos. ¿Cuál será la razón que esgrimirá ahora el directorio para girarle mucho más dinero que a ellos a un país cuya economía (todavía) crece? ¿Un rescate del G-7 a su cabeza de playa en su ajedrez geopolítico contra los populismos?

No es que ahora venga el ajuste. El ajuste ya empezó con la devaluación. Ahora el desafío del Gobierno es tallar en piedra la nueva pauta distributiva, mucho más regresiva que la de hace dos meses. Si la calle impone una reapertura de las paritarias, el costo se habrá pagado en vano. Para evitarlo hará falta otra vez el servicio del sindicalismo "dialoguista" que aceptó el tope del 15% a los sueldos. El problema es que las carpetas y las amenazas de encarcelamiento que condimentaron ese diálogo pierden efecto cuando crece el descontento social. Igual que los procesamientos de Cristina Kirchner. El último, esta semana, no logró ni una portada de la prensa oficialista.

Si Macri se resignó a priorizar el déficit sobre la campaña y por eso emprendió un camino de ajuste macroeconómico clásico, con devaluación y Fondo Monetario, que puede costarle la silla el año que viene ¿es porque el establishment pensará, a su manera, que primero viene la patria, después el movimiento y después los hombres, como preconizaba Perón? ¿Se estará inmolando por sus ideas como no hizo nunca ningún presidente? ¿O será que de pronto apareció una alternativa para llevar adelante el mismo programa sin él?

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