Las máquinas tapadas

Opinión 20 de octubre de 2019 Por
#CuentodeDomingo
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Roque tuvo que esperar 10 minutos para que abriera la panadería, Don Faustino simplemente le dijo que pasara temprano a comprar bizcochitos y Roque pasó, pero 10 minutos antes que abriera. Como hace 35 años Roque siempre le hizo caso a Don Faustino ya que sentía que era algo mas que un padre para él, le enseñaba y le daba la oportunidad de su sustento, ¿qué más?

Caminaba las 8 cuadras que lo separaban desde la panadería hasta el galpón donde funcionaba la imprenta de botellas de plástico de Don Faustino, “La Leal” era su nombre comercial, pero todos lo conocen como “el galpón de Don Faustino”, adonde Roque entró de pibe para “apretar” las botellas plásticas de lavandina y que puedan entrar 50 en un bolsón que, cualquiera diría, no entrarían mas que una docena. Roque nunca trabajó de otra cosa en 35 años, eso sí, pasó de “apretador” a “encargado general de la principal y única máquina impresora” y terminó llegando a ser algo así como “gerente de planta” que se encargaba tanto de la limpieza de las boquillas de las inyectoras de tinta como de los pisos y muebles. En la época de esplendor de trabajo de “La Leal” llegó a tener que enseñarle a hasta 4 compañeros los secretos y mañas de la “línea de producción”, se llegó a sentir un “gerente operativo” como lo mimaba Don Faustino nombrándolo así cuando hablaba de él.

Roque intuía que esa “mateada” de lunes a algo importante convocaba, nunca las mateadas se preanunciaban en “La Leal”, siempre surgían espontáneamente.

Estaba Fito en la puerta del galpón esperando su llegada. Fito trabaja con Don Faustino y Roque desde hace 4 años, si bien ya sabe todos los secretos y detalles de la impresión en tinta de botellas plásticas, nunca dejó de ser “el nuevo” porque la demanda nunca dió para que entrara mas personal al cual el pudiera enseñar o supervisar.

Roque y Fito esperaron a Don Faustino para esa mateada previa a los que fueron convocados, les llamó la atención que Don Faustino tapó con plásticos negros las máquinas ese fin de semana, “habrán fumigado con Gamexane” comentaron entre ellos, como algunas veces había sucedido antes, pero no había olor a veneno; no al menos de Gamexane.

El agua para el mate acababa de llegar a su temperatura ideal cuando llegó Don Faustino, mas avejentado y lento que nunca, acompañado con un señor recién bañado, limpio y perfumado. “Doctor Infante, mucho gusto”, se presentó.

“Muchachos, el doctor tiene algo para decirles” balbuceó Don Faustino con la mirada perdida y señales de una especie de borrachera en la cual Don Faustino nunca caería ya que no bebía otra cosa que amargos vegetales con soda y un Cynar algún sábado de picada de media mañana, de esas que hace años que no se hacen.

La voz aflautada del Dr Infante les causó gracia inicial a Roque y a Fito, pero no fue así cuando en la segunda oración dijo que “La Leal” ya no funcionaría mas.

Explicó cosas con palabras raras, hablaba de concursos, de cadenas, de tasas, de bonos, de mercados, de cuestiones asimétricas,… y cosas así; para llegar a la conclusión que Don Faustino ya no era dueño de sus máquinas, esas que Roque aprendió a limpiar, destapar y lubricar hace ya 35 años, que siempre fueron de Don Faustino y que ya no son de el aunque Don Faustino no las haya vendido. Roque nunca entendió lo que el perfumado doctor explicaba largo.

hambrees.jpg_147459497Alberto Fernández se reunió con empresarios del Agro

Don Faustino nunca pudo levantar la mirada, Roque nunca entendió porque estaban tapadas las máquinas, y Fito entendió todo, eran los últimos bizcochitos que compartían juntos.

Don Faustino ya no tiene edad ni fuerzas para superarlo, Roque tendrá que rearmarse a partir de su sola experiencia para hacer que 50 botellas plásticas entren en un bolsón chico y saber destapar boquillas de tinta obturadas, con sus 54 años.

Fito, con sus 22 años, es el que entendió que Don Faustino y Roque tendrían que haber aprendido a leer los diarios, a defender y trabajar por los contextos, a dedicarle un pequeño pero intenso tiempo a las cuestiones de la comunidad, a las políticas sectoriales, a las modernizaciones, a saber mirar e involucrarse puertas afuera del “galpón de Don Faustino”.

Fito está seguro que si Don Faustino y Roque se hubiesen dado cuenta antes, hoy seguirían compartiendo mates, bizcochitos y picadas.

El retoño es Fito, ese que lleva la información genética consigo, al que aún le quedan fuerzas, el que “bien abonado” y con los contextos adecuados se va a transformar en un influenciador de contextos para transformar realidades, y en aquel que ya no le venderán espejos de colores. Fito está llamado a ser un actor social, y es su deber hacérselo saber a las políticas públicas a futuro.

 

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