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Un peronista en vaca viva

Iba a ser Ministro de Agricultura pero terminó dirigiendo un organismo internacional con sede en Brasilia, luego del fracaso de la intervención en Vicentin y la demora en empoderar a YPF Agro. Antes de irse del país, Gabriel Delgado nos dejó un balance de los conflictos y desafíos que enfrenta el campo argentino en el planeta de la pandemia interminable.

Agro 17 de enero de 2021 Colaborador Colaborador
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Gabriel Delgado es un personaje difícil de encasillar. Cuestionado tanto por el ruralismo clásico de la Mesa de Enlace como por las corrientes ambientalistas, se la pasa tirando diagonales para salir por arriba del laberinto agrario argentino. Formado entre el INTA y el CEMA –usina académica del liberalismo autóctono–, fue la mano derecha del último ministro de Agricultura de Cristina Fernández, Carlos Casamiquela, fallecido hace poco a causa del COVID-19. Los baqueanos del conflicto campestre lo recuerdan por su habilidad para mantener a raya, entre 2013 y 2015, a los grandes jugadores del agronegocio, mientras pulseaba con la mismísima ex presidenta para impedir un acuerdo con Monsanto que hubiera favorecido a la trasnacional estadounidense en el estratégico mercado de las semillas.

¿Por qué salió tan mal la intervención a Vicentin?

—"Error de cálculo". Creo que Alberto lo reconoció en las últimas declaraciones. De hecho, salió por decreto la intervención. Después que una empresa afectara a tanta gente con un default tan grande, a nadie se le ocurrió pensar que la sociedad iba a interpretar esto como un ataque a los derechos de propiedad en general. O que la política pudiera construir ese mensaje. Acá lo que se quería era garparle a la gente que estaba empernada, en particular a los más chicos que ahora difícilmente zafen de un arreglo muy hostil. Alberto no quería ayudar a la empresa y que los beneficiarios sean los accionistas. Él dijo: "vamos a salvar a la empresa, no a los accionistas". Parece lo mismo, pero no es lo mismo. Nosotros creíamos que la forma de salvar a la empresa era cuidar a los acreedores también. Primero, porque un tercio de las acreencias son del Estado nacional, que es quien iba a ayudar. Otro tercio son las deudas comerciales, que son de las que te van a traer la materia prima para volver a producir. Y los bancos internacionales, que después de Vicentin han cambiado un poco la mirada sobre la Argentina.

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