"Para bajar la alta inflación se necesita no menos de 5 años" Augusto Costa

Opinión 05 de octubre de 2019 Por
Augusto Costa es uno de los que suena como posible ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires si triunfa el Frente de Todos en las próximas elecciones. Se manifiesta preocupado por la actual situación económica pero no estima que la Argentina pueda caer en una hiperinflación.
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Augusto Costa, economista, amigo de Axel Kicillof y posible ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires si triunfa el Frente de Todos en las próximas elecciones, estuvo al frente de la secretaría de Comercio Interior previo a su paso por Cancillería, durante el gobierno que presidió Cristina Kirchner.
 
De su gestión se recuerda la decisión de establecer Precios Cuidados y el Observatorio de Precios y quizás esta experiencia fue la que lo impulso a escribir el libro “Todo Precio es Político”. Allí se revela cómo se diseñó el programa de Precios Cuidados, cómo funcionan las cadenas de valor, entre otros temas. Hincha de Vélez y fanático del fútbol, actualmente trabaja en la Auditoria General de la Nación y dirige el centro Cultural Moran. También es músico compone temas y es bajista.
Se manifiesta preocupado por la actual situación económica pero no estima que la Argentina pueda caer en una hiperinflación. Apuesta a la efectividad de un acuerdo de precios y salarios y espera que no ocurra otra devaluación. También alerta acerca del elevado endeudamiento de la provincia de Buenos Aires.

A continuación, los principales aspectos de la entrevista con Ámbito.

Periodista: ¿Por qué escribió un libro sobre precios?

Augusto Costa: Porque queramos o no, los precios nos atraviesan todos los días. Por más que no nos preguntemos porqué las cosas valen lo que valen, entender el fenómeno de cómo se forman los precios en los mercados nos ayuda a comprender cómo funciona la sociedad en que vivimos. En el libro lo que intenté hacer es darle herramientas a las personas que no tienen mayor conocimiento sobre economía, para que puedan entender cuáles son las políticas que el Estado puede implementar para mejorar las condiciones de vida de diferentes sectores de la población. Porque el Estado, en definitiva, está permanentemente decidiendo quiénes se van a beneficiar del esquema económico vigente.

P.: ¿El Estado o los empresarios “malos”?

A.C.: El Estado. ¿Por qué el libro se llama “Todo precio es político”?, porque en economía hay una discusión respecto a cómo se tienen que determinar los precios. Vamos a ponerlo en extremos opuestos, están las versiones más liberales o neoclásica que dice que todo lo tiene que resolver el mercado, porque cuando la oferta y la demanda determina en cada uno de los mercados cuánto se intercambia y a qué precio, se supone que eso refleja las condiciones de la economía y eso garantiza la eficiencia en la asignación de los recursos. Del otro lado te dicen que si en una economía no funciona competitivamente en realidad lo que ocurre es que los que tienen más poder en los mercados se apropian de más de lo que les corresponde.

P.: ¿Y cómo es la situación en la Argentina?

A.C.: La economía argentina es muy concentrada. Históricamente lo fue y en los últimos años se produjo un proceso de concentración muy grande. Porqué los precios son políticos. Si el Estado decide no intervenir en los mercados y los precios los fije la oferta y la demanda, está tomando una decisión política que permite que los más poderosos se aprovechen de su situación. Esos precios tienen un componente político que está basado en esa decisión. Porque hay que distinguir entre suba de precios y nivel de precios. Es distinto cuánto valen las cosas y porqué suben los precios. Cuánto valen las cosas tiene que ver con la concentración del mercado. Entonces, cuando hay mucha concentración, lo que hacen las empresas que tienen poder es tratar de vender menos y cobrar más caro para tener más margen y rentabilidad, pero esto obviamente afecta el acceso a bienes y servicios a ciertos sectores de la población que no pueden pagar estos precios. Por eso el Estado tiene que intervenir para evitar que esa política de las empresas determine precios superiores que los resultarían en condiciones de competencia.

P.: ¿Y de qué depende la suba de precios?

A.C.: Esta es una discusión completamente distinta que tiene que ver con cuáles son los factores que determinan que los precios suban en la economía. También se dan discusiones sobre cuáles son las visiones y por lo tanto las herramientas para combatir la inflación. Desde mi perspectiva, la inflación es un fenómeno multicausal, complejo donde intervienen desde el tipo de cambio, las políticas tarifarias del Estado, los precios internacionales, lo que se denomina puja distributiva entre los asalariados y los empresarios y por supuesto también la política pública sobre el manejo del déficit, de la emisión monetaria y en última instancia el nivel de demanda agregada de la economía. Todo ese combo de variables determina que los precios suban o se mantengan estables.

P.: Mucha gente se pregunta ahora que no se emite y se baja el déficit primario ¿por qué tenemos tan alto nivel de inflación?

A.C.: Este punto es central, lo que quedó en evidencia con el gobierno de Macri una interpretación que atribuye la dinámica inflacionaria estrictamente a factores monetarios, particularmente a la política monetaria y a le tasa de interés del Banco Central.

Entonces vemos qué pasa cuando vienen con un único instrumento que es poner la tasa de interés por las nubes, tratar de contener la oferta monetaria y ajustar el gasto, entiendo que de esa manera se va a resolver la inflación, y se olvidan de otros factores como el rol de la devaluación y su efecto en los precios internos, o el marco tarifario en los costos generales de la economía y como esto presiona en la formación de los precios o el rol de los formadores de precios que pueden aprovecharse para mejorar sus márgenes y esto da impulso a la inflación, o la puja distributiva.

P.: ¿Existe algún país que haya logrado bajar la inflación aplicando solo la política de no emisión?

A.C.: Yo no conozco. Cuando uno mira la inflación dependiendo el contexto y el país puede tener diferentes determinantes. No se pueden extrapolar experiencias de otros países a todo tiempo y lugar. Si en algún país funcionó que subiendo la tasa de interés bajó la inflación, eso no quiere decir que pueda funcionar en Argentina.

P: ¿Cuando estuvo al frente de la Secretaría de Comercio puedo realmente constatar si hay concentración de sectores?

A.C.: En mayor o menor medida hay concentración en casi todos los sectores. En los que es bienes de consumo masivo, alimentos, limpieza higiene, bebidas generalmente hay 3, 4, o 5 empresas que concentran una gran proporción del mercado. Por ejemplo, en el caso del pan que compramos en el supermercado una sola empresa con 3 marcas representa el 80% del mercado.

En el caso de cervezas solo dos representan el 75% del mercado, yerba entre 4 o 5 empresas el 60%, champús 4 empresas. En lavandina una sola representa más del 60% de las ventas. En lácteos tenemos una sola empresa con cada vez más tiene participación en el mercado. Snacks, en conservas, en mermeladas. En insumos difundidos, una de aluminio. En el caso de los medicamentos lo que ocurre es que cada laboratorio se especializa en algún tipo de droga, es decir que para cada droga sí existe mucha concentración. Hasta los técnicos del FMI mencionaron el tema de la concentración. Por eso uno tiene que analizar la formación de precios en toda la cadena de valor y ver cómo en cada uno de los eslabones hay unos pocos actores. El Estado tiene que evitar los abusos de los que tienen el poder en cada uno de los eslabones y fomentar la competencia.


P.: ¿Usted considera que lo lograron cuando estuvieron al frente del gobierno?

A.C.: No, quedó trunca esa tarea. Vimos con mucha preocupación que en nuestro gobierno subió mucho la concentración, tomamos cartas en el asunto e implementamos Precios Cuidados, que significó intervenir en las cadenas de valor para garantizar accesos a góndolas a pequeñas y medianas empresas que difícilmente pueden vender en las grandes cadenas. Determinar cómo se distribuye el ingreso entre quien provee y comercializa, porque nosotros acordamos precios de venta del productor y del minorista, es decir en toda la cadena. Creamos una ley de Observatorio de Precios para toda la cadena de valor. Todas estas políticas fueron desvirtuadas o directamente discontinuadas por el gobierno de Macri porque entienden que el Estado no debe participar en la fijación de precios y todo debe quedar librado al mercado.

P.: El Estado contribuye a la formación de costos con su carga tributaria…

A.C.: Sí, con la carga tributaria y con la regulación, por eso concluyo que todo precio es político, porque según los impuestos que establezca el Estado o quienes se los fija o qué tipo de regulaciones establece y a quienes, hay una decisión política. Y cuando el Estado no interviene también hay una decisión política. Lo preocupante es que hay un gran descontrol, porque el Estado dejó de controlar y de utilizar herramientas cuando hay temas de competencia desleal.

P.: ¿Cuando estuvo al frente de la Secretaría de Comercio contaba con inspectores y herramientas suficientes?

A.C.: No, nos faltaban inspectores y herramientas legales. Mucha gente cree que cuando suben los precios, el Estado puede hacer algo. Lo único que puede hacer es aplicar ciertas herramientas, pero no impedir la venta de dicho producto a un precio alto porque el que fija los precios es el empresario (sea productor, distribuidor o vendedor). Por eso nosotros establecimos Precios Cuidados donde voluntariamente los integrantes de la cadena de valor acordaron con el gobierno abastecer productos a un determinado valor y por un determinado tiempo.

P.: Entonces, según su experiencia, ¿cuál es la base para que un acuerdo de precios y salarios funcione?

A.C.: Se necesita que los acuerdos sean formales, que no sean pactos de palabra, que el no cumplimiento implique algún tipo de sanción, recordemos además que hablo de acuerdos voluntarios. Que el Estado cumpla con el rol de garante del acuerdo. Es decir, si los empresarios acordaron mantener los precios y los trabajadores no reclamar aumentos durante el periodo del acuerdo, que el Estado controle que ambos compromisos se cumplan.

P.: Estos acuerdos tienen como objetivo frenar la inflación pero ¿cómo se puede lograr cuando el Tesoro Nacional por ejemplo, tiene muchos gastos ajustados a inflación pasada?

A.C.: La única forma es des indexando la economía gradualmente. Uno viene arrastrando una inercia inflacionaria, pero justamente lo que se debe hacer es ir fijando objetivos de evolución de precios, de gasto público, fijación de metas para variables clave como precios, salarios y manejo de las cuentas públicas que deben tener consistencia entre sí. Si no hay consistencia entre las metas de diferentes ámbitos y no hay control de las metas, cualquier acuerdo de precios y salarios estará destinado al fracaso. Creo que el desafío hoy es entender que esto no se puede hacer de un día para el otro. Hay que pensar que en un contexto inflacionario, con mucha inercia inflacionaria, los objetivos deben ser graduales, cumplibles pero que marquen un camino. Tenemos que hablar de un periodo de no menos de 5 años con el objetivo de ir bajando la tasa de inflación de los niveles altísimos de hoy en día hasta niveles razonables que favorezcan la dinámica económica. Porque si no logramos esto, va a ser muy difícil que la economía pueda funcionar a mediano plazo.

P.: ¿Cómo juega la tasa de interés?

A.C.: La tasa de interés juega de muchas maneras, determina el costo de acceso para el financiamiento para la inversión y el capital de trabajo. Con la tasa de interés que tenemos hoy en día la economía no puede funcionar, porque antes de invertir en una maquina o en una inversión productiva, a cualquiera le conviene más invertir en instrumentos financieros por su alta rentabilidad. La tasa de intereses tiene que ir bajando gradualmente para poder reactivar la economía, pero se tiene que hacer de manera tal que con el desarme de las Leliqs todos esos pesos que se van liberando y conforme se va bajando las tasas de interés, vayan al consumo, la producción, a financiar gasto interno y no a dólar.

P.: ¿Cómo evita que no se vaya a dólar?

A.C.: Con una política consistente y que genere confianza. Si uno dice vamos a desarmar las Leliqs, vamos a bajar la tasa, pero quien tiene pesos en la mano dice yo voy al dólar porque se viene otra devaluación… y ahí aparece otro factor que son las regulaciones del mercado cambiario y de capitales. Se necesita una política consistente para poder generar condiciones para que lo incentivos a una economía financiera se trasformen en incentivos a una economía con producción y con empleo. Pero también que esto último no impacte a los precios, entonces hay que ganar por mayor volumen, no por mayores precios.

Resumiendo esto es: acuerdo de precios y salarios; políticas consistentes y el Estado garante de todo este esquema.

P.: ¿Qué precios considera que son importantes controlar en la economía argentina, por ejemplo, las tarifas?

A.C.: En el caso de tarifas hay que tener un esquema regulatorio que vaya actualizando los precios de manera de que no afecte a la inversión por un lado, pero que tampoco afecte el poder adquisitivo de los consumidores y que no genere presiones inflacionarias.

P.: ¿Cómo se logra esa ecuación?

A.C.: Es un equilibrio. En un esquema de actualización periódica de precios de servicios básicos se puede lograr un equilibrio de estos objetivos. En economía, la misma medida puede tener impactos contradictorios. El arte de gobernar es encontrar el equilibrio justo.

P: ¿Entonces usted está de acuerdo con que el manejo de la economía debe estar concentrado?

A.C.: Hoy lo que necesita la Argentina es una gran coordinación de la política y esto significa un plan consistente a nivel nacional, provincial y municipal y que entre ministerios no haya políticas contradictorias. Con el grado de libertad que tenemos hoy y la delicada situación que enfrentamos, para hacer política económica tenemos que tener un plan consistente y coordinado o sino vamos a tener serias dificultades. Creo que este es el gran desafío del próximo gobierno.


P.: ¿Cómo cree que debe financiarse el déficit fiscal?

A.C.: No hay muchas fuentes de financiamiento, pero cuando uno habla de déficit quiere decir que los ingresos del Estado no alcanzan para cubrir sus gastos. Uno puede subir los ingresos o bajar el gasto o una mezcla de ambas cosas. Tomar deuda es una posibilidad muy limitada y la alternativa de financiar déficit con emisión monetaria hay que manejarla con mucha prudencia para no generar otro tipo de consecuencia. Entonces, la clave pasa por la recuperación de la economía a través de políticas que incentiven la demanda que pueden generar un empeoramiento transitorio de las cuentas públicas (porque el Estado lleva políticas que recomponen ingresos a algunos sectores rezagados) pero que luego se traduce en una reactivación económica que termina subiendo los ingresos del Tesoro. Por varios motivos, la prioridad es poner la economía en marcha para que se vayan revirtiendo los niveles de pobreza, desocupación y que aumente el nivel de producción y de rentabilidad de las empresas.

También hay que ayudar a financiar a las empresas en inversión, capital y trabajo. Claro con financiamiento razonable.

P.: Algunos economistas alertan acerca del riesgo de que Argentina pueda caer en una hiperinflación. ¿Cuál es su opinión?

A.C.: Yo no creo que estemos cerca de una hiperinflación. Si estamos en una dinámica que definitivamente se debe frenar.

P.: ¿Ve al gobierno intentando frenar la inflación?

A.C.: No, seguro que no. Este gobierno no encuentra las herramientas para frenar una situación que iba a ser muy fácil de resolver y creo que se le fue de las manos, pero tampoco veo una hiperinflación a la vuelta de la esquina. Creo que estamos a tiempo aplicando las políticas adecuadas.

P.: ¿Cree que el futuro gobierno se encontrará casi sin reservas en el Banco Central?

A.C.: La verdad es que si se analiza, la situación de las reservas es preocupante. La situación de las reservas para el próximo gobierno no será óptima.

P.: ¿Teme que venga ocurra otra devaluación? ¿Existe el riesgo?

A.C.: Esperemos que no. Pero respondiendo a si existe el riesgo, con la vulnerabilidad que tiene esta economía, cualquier shock externo la puede afectar. Porque el gobierno de Macri llevó a la economía a un nivel de fragilidad en donde todo puede pasar.

P.: Algunos analistas dicen que el 28 de octubre, de confirmarse el resultado de las PASO, esta situación podrá tranquilizarse o asustar...

A.C.: Creo que los mercados ya descontaron con el resultado de las PASO, el resultado que más temían, entonces - en principio - no debería haber mayores alteraciones. En el fondo, lo mejor sería que se defina el resultado en octubre ya que daría certidumbre respecto a lo que se viene. También Alberto Fernández y sus voceros económicos estuvieron especialmente preocupados por trasmitir tranquilidad y van a tomar las medidas que haya que tomar.

P.: ¿Usted ve como positivas a las retenciones?

A.C.: Las retenciones en ciertas circunstancias, tienen un rol importante porque las devaluaciones o los precios internacionales muy altos generan transferencias de riqueza muy fuertes. Nosotros pensamos más allá del instrumento puntual, siempre hay que tener en cuenta aplicar políticas segmentadas, porque un instrumento horizontal puede tener diferentes impactos como, por ejemplo, en las economías regionales o mismo en el campo.

P.: ¿Qué nivel de endeudamiento tiene la provincia de Buenos Aires?

A.C.: La provincia de Buenos Aires tiene una deuda de unos 12.000 mil millones de dólares de las cuales el 80% está nominada en dólares. Es enero hay vencimientos por más de 500 millones de dólares pero todavía no tenemos real dimensión de cuál es la situación de caja que dejará este gobierno porque no hay información pública.

fuente: Ambito

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