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¿Qué sabe el Gobierno sobre los medicamentos?: La información que maneja y no usa

Cerca de lograr un acuerdo con los laboratorios, el Gobierno tiene información valiosa sobre estos

Nacional - Gobierno 08 de noviembre de 2021 Colaborador Colaborador
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De los más de 350 laboratorios que trabajan en la Argentina, sólo unos 12 aumentaron los precios en noviembre. Son los que van a tener que llevarlos para atrás, tras el principio de acuerdo al que llegó la industria farmacéutica con el Gobierno la última semana, en pleno Hagamos Algo con la Inflación Tour. El resto no tendrá que hacer nada, porque ya venían de ajustar sus números entre un 10 y un 20% pero en septiembre y octubre, y la medida obliga a llevar las cosas al principio de este mes.

2f05e470bd15e95c7af73562a7323284_XLHabría acuerdo para que se congelen los precios de los medicamentos hasta el 7 de enero

Tal vez por eso, las cámaras que nuclean a los productores de fármacos en la Argentina, que habían salido con los tapones de punta en cuanto escucharon hablar de un posible congelamiento de precios como el que salió por resolución para el consumo masivo, rápidamente viraron su mensaje a un “espíritu positivo de colaboración” con el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti, y el Ministerio de Salud.

Sobre todo, además, porque subrayaron que se comprometieron a “estabilizar” los valores en el mostrador de las farmacias, pero de ninguna manera a fijarlos. “No usamos la palabra congelar”, enfatizaron, a pesar de los títulos que se leían en los portales del jueves a la noche. Lo que este lunes van a responder es que están de acuerdo con ir hablando con las autoridades ante la necesidad de aplicar un aumento, quizás en línea con el costo de vida. No más.

En ese instante, empezaba a verse -más explícito en este mercado que en otros- que lo que manda en la gestión actual es más la necesidad de mostrar que se está haciendo algo “para defender el bolsillo de los argentinos” que el domingo que viene irán a votar, que meterse de verdad a tratar de desentrañar el funcionamiento de un negocio, nada menos que el de la salud, que es zarpado en concentrado y sobre todo opaco: es posible esconder un aumento en un descuento, un margen de ganancia en una intermediación y un lobby infinito en la presentación de la cura a una enfermedad.

Está todo ahí
Lo más loco es que el Gobierno hoy cuenta con una información muy valiosa para ocuparse del funcionamiento del mercado de los medicamentos, que requiere en todo el mundo la participación inteligente de los estados pero no para vender que están “solucionando la inflación”, sino para corregir en líneas generales los abusos entre los dueños de la salud sobre quienes están urgidos por acceder a ella.

Un debate de dos horas rodeado del humo de la lucha contra la especulación es nada, si mirás lo que habría que atender en serio. El 23 de diciembre de 2019, la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia publicó una “Investigación de Mercado sobre las Condiciones de Competencia del Mercado de Medicamentos” 

 
Había arrancado y se hizo en la administración anterior y se publicó ya en la presidencia de Alberto Fernández. ¿Alguien se enteró? Es cierto, vino la pandemia, pero fijate si no sería interesante que se prestara atención a esta información como un mercado para seguir de cerca y no sólo como una fuente de financiación de las campañas, por decir algo.

Porque ahí detrás del mostrador de la farmacia con el que se ilustran las coberturas sobre el alza de los remedios, se abre un mundo que parece hecho para perderse. Uno cree que hay medicamentos de venta libre y otros bajo receta, que algunos los hacen los laboratorios nacionales y otros los extranjeros, y que “me los cubre” la obra social o la prepaga o los garpo de bolsillo. Poco más. Y no.

¿No sería importante saber cuán concentrado está el mercado? El Gobierno lo sabe. Según el reporte, es cierto que en términos de facturación total, la industria tiene “un nivel bajo de concentración”, dice el trabajo, donde ningún laboratorio tiene más del 10% de mercado, al menos a julio de 2019, cuando se cerró el trabajo. Roemmers, por ejemplo, está a la cabeza con el 8,4% del total.

Pero ojo, ése es “un enfoque incompleto”, dice el documento. El mundo de la salud se mira por enfermedad o por droga, y es ahí donde pueden observarse situaciones de concentración de la oferta, con casos de monopolios u oligopolios en el caso de las drogas de alto costo.

Al observarse los tipos de remedios, que en la jerga se llaman clases terapéuticas, el documento oficial concluye: “Cerca de la mitad de los mercados relevantes de medicamentos a los efectos de los procedimientos de la Ley de Defensa de Competencia presentan pocos oferentes y se encuentran altamente concentrados”. Y un 14,5% de las clases terapéuticas son mercados monopólicos.

El trabajo se centra en lo que es todo el universo de comercialización minorista, pero también cita un apartado sobre las drogas llamadas de “alto precio” para enfermedades graves y que se suelen comprar directamente desde las instituciones del Estado o las obras sociales y empresas de medicina prepaga. Tal vez sea información que también debiera estar sobre la mesa para hablar del vínculo oficial con la industria: de las 15 drogas de alto precio más vendidas, 8 tienen un solo oferente -por cuestiones de patentes, muchas veces- y cuatro tienen sólo dos.

Intermediario show
Pasar del lado del farmacéutico es como cuando en Stranger Things los pibes pasan “del otro lado”. Parece que es todo lo mismo que ves siempre pero hay bruma horrible y peligros por todos lados.

Porque en la Argentina, después de que un laboratorio fabrica un medicamento, aparecen dos figuras que nadie tiene en claro cómo se instalaron en el rol que tienen pero mandan: la del distribuidor mayorista y la de la droguería, que son los ductos por las que llegan los productos a las farmacias. En el resto del mundo trabajan unos u otros. La coexistencia de ambos intermediarios es nuestro aporte al comercio de fármacos a nivel mundial.

Según la ANMAT, una distribuidora es un “establecimiento dedicado a la distribución de medicamentos que actúa por cuenta y orden de laboratorios elaboradores y/o importadores de dichos productos”, mientras que una droguería es un “establecimiento dedicado a la distribución de medicamentos por cuenta propia y al por mayor”.

Para pasar en limpio, además, las distribuidoras no poseen stock propio, mientras que las droguerías sí son dueñas de los productos que comercializan. ¿Alguien escucha en las noticias sobre el precio de los medicamentos que alguien se enfoque en el rol de estos intermediarios? Porque hay un dato que sería bueno que se informara: el 81% de la facturación de las farmacias se encuentra concentrada en 4 grandes distribuidoras, que atienden 100 laboratorios. Y ¿de quién son las distribuidoras? De los propios laboratorios. Bingo. Aseguran que tercerizando -con ellos mismos, digamos- el reparto de los fármacos consiguen ahorros logísticos.

La Secretaría de Comercio, el Ministerio de Desarrollo Productivo o magoya tienen la información puntual. ¿La usa? Hasta 2019, las cuatro mayores distribuidoras eran: Rofina (de los laboratorios Roemmers, Investi, Nova Argentia y otros), Farmanet (Gador, Novartis, Casasco y Boehringer), Disprofarma (del Grupo Bagó) y Globalfarm (propiedad de los laboratorios Bristol Myers Squibb, GlaxoSmithKline, Janseen Cilag, MSD Argentina, Merck, Sharp & Dohme y Laboratorios Temis Lostaló). La rareza es el gigante alemán Bayer, que no usa distribuidor mayorista.

La CNDC advierte que los laboratorios, al ser accionistas de las distribuidoras, “podrían tener acceso a información de negocios que no está disponible para todos los laboratorios que compiten en el mercado” y apunta que “las distribuidoras manejan gran cantidad de información comercial de sus laboratorios clientes, que, como se mencionó, incluye volúmenes, ventas y descuentos con un alto nivel de desagregación”.

Ahora, así como cada laboratorio trabaja con una distribuidora que elige, también trabaja con muchas droguerías, que en este caso son elegidas por las cerca de 12500 farmacias que hay en el país.

Las droguerías son dueñas del stock de medicamentos que adquieren de los laboratorios y que luego revenden a las farmacias e instituciones de salud, por lo que obtienen un margen de comercialización. Las tres droguerías más grandes representan conjuntamente alrededor del 60% de la facturación y hasta que se hizo el reporte, hace un año y medio, eran Droguería del Sud, Droguería Monroe Americana y Droguería Suizo Argentina. La familia Macchiavello controla Droguería del Sud, las familias Kovalivker y Viner manejan la Droguería Suizo Argentina en tanto que Droguería Monroe Americana la controlan Rofina S.A. y Prodifa S. A.

Un vademécum de datos
Se trata de todos actores absolutamente desconocidos cuando se discute en los programas de televisión sobre el precio de los medicamentos, un concepto que involucra tantos actores que parece hecho para que nadie entienda nada. En realidad, la industria habla de “precio de venta al público”, el PVP, sobre el que se desarrolla el juego del gran bonete de los descuentos, y donde tranquilamente se pueden esconder, maquillar o hacer desaparecer los márgenes de ganancias.

Como sea, la CNDC proporciona una valiosa información que el propio Feletti no tenía por qué saber tanto frente a los economistas del Ministerio de Salud como frente a los lobbistas de mil batallas del big farma argentino, felices de la vida de que los convoquen a hablar de la inflación en general y no de los grises en los que operan en el día a día. A saber:

+ El modelo de fijación de precios utilizado por los laboratorios para definir el PVP toma como base el precio de salida de laboratorio, al cual se agrega un 21% en concepto de IVA. y a este precio con IVA se suma un 16% de margen de la droguería y un 25% de margen de la farmacia.

+ El margen real de comercialización de droguerías y farmacias se obtiene cuando se adicionan los descuentos comerciales. Estos descuentos van de los laboratorios a las droguerías (entre 7% y 8%), de las droguerías a las farmacias (15%) y de las farmacias a los afiliados en las ventas sin cobertura (15%) y a las obras sociales en las ventas con cobertura (22%). “Los márgenes reales de comercialización de las droguerías y farmacias son considerablemente bajos”, dice el trabajo.

+ “Los laboratorios (…) son quienes en la práctica fijan los precios a lo largo de la cadena, posiblemente debido al peso y modalidad de los convenios con las obras sociales, institutos médico asistenciales, empresas de medicina prepaga y similares”, se detalla.

+ Además, a propósito de que en la reunión de este jueves se acordó “reimpulsar la ley de genéricos”, un dato central: “Dado que la ganancia de cada agente en la cadena de valor resulta ser un porcentaje sobre el PVP, las droguerías y las farmacias tienen incentivos a ofrecer los medicamentos de marca que poseen mayor valor, en detrimento de los medicamentos genéricos de menor precio”. Qué tul.

Lluvia de troqueles
El que tenga ganas de meterse, tiene una hoja de ruta con este laburo. Es una puerta de entrada al intrincado uso de las notas de crédito con el que las farmacias, las droguerías y los distribuidores pagan a los laboratorios en esa lluvia de troqueles que emerge cada vez que el farmacéutico hunde la trincheta en una cajita.

También puede permitirle descubrir a los funcionarios que hay unos 40 laboratorios públicos, de jurisdicción municipal y provincial que podrían ser una punta de lanza para alguna intervención diferente, llegado el caso.

A su vez, se desliza una mirada sobre el rol de la llamada “fuerza de venta” de los laboratorios, los “visitadores médicos” y los “visitadores farmacéuticos”, ese puente que hace que las marcas líderes siempre terminen en las manos de los consumidores aunque otras desconocidas pero iguales sean más baratas.

Y hasta puede disparar algunas preguntas sobre el planeta de las patentes en la Argentina, donde mientras hay restricciones para que las multinacionales inscriban nuevos medicamentos con exclusividad y hay vía libre para que los locales produzcan copias de drogas conocidas, a la larga los precios se terminan emparejándose para arriba.

Es cierto, el vínculo hasta ahora del gobierno del Frente de Todos estuvo surcado por una alianza con el sector farmacéutico: de arranque, con una primera medida de retrotraer precios y congelarlos por unos meses allá en 2019, cuando se publicaba esta investigación. Luego, por la restitución de una cobertura más amplia de medicamentos que el PAMI paga para los jubilados. Más tarde por el desarrollo de las vacunas en plena emergencia del coronavirus. Y ahora, otra vez a la carga con la cuestión de los precios.

La Argentina, una encadenación de urgencias que nos impiden, en el mejor de los casos, meterle un ojo más profundo a cuestiones fundamentales.

Por Jairo Straccia

Fuente: Diario Con Vos

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