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Pandemónium o un nuevo Status Quo

Según el diccionario, una de las acepciones de Pandemónium es la de “capital imaginaria del reino infernal” y la otra, pero en sentido figurado, es la de “sitio donde hay mucho ruido y agitación”. Tal vez sea una mezcla de ambas lo que estamos viviendo por estos días y todo indica que debemos acostumbrarnos.

Opinión 29 de marzo de 2020 Colaborador Colaborador
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Si bien no es la primera pandemia que existe en la historia de la humanidad, sí es la primera en su tipo de alcance global y con una velocidad que no da tiempo a dar respuesta. Lo repentino de este escenario provocará transformaciones inciertas pero que, seguro, ya comenzaron.

Otro rol para el Estado

Cuando el mundo apenas intenta recuperarse de la última crisis global, una nueva caída se asoma, y el Estado nuevamente aparece en escena.

La resurrección del Estado interventor fue durante la última crisis financiera del año 2008, cuando el gobierno norteamericano fue pionero en rescatar a los bancos en medio de su hundimiento. Entonces, no estamos hablando de resurrección, ya que observamos que el Estado siempre está ahí, agazapado esperando la próxima crisis para socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Sin embargo, paralelamente, otras crisis pidieron el socorro estatal, como fue el caso de los refugiados que intentaron llegar a Europa, pero que el Estado no ayudó y murieron en pequeñas balsas improvisadas. Así, podemos decir que el Estado siempre está, pero a veces juega para un bando y a veces para otro.

También el Estado, durante esta pandemia, adopta nuevas medidas que desnaturalizan el rol liberal que le asigna el capitalismo. Los controles impuestos sobre la población civil violan uno de los mantras sagrados del sistema: la libertad individual. Tal vez por hacer caso omiso a este dogma, China pudo controlar mejor el virus que Occidente ya que no le tembló el pulso a la hora de imprimir con rigor los controles a través de la ciberseguridad que, a primera vista, parece una flagrante violación a la privacidad y al uso de los datos personales.

Un nuevo shock

La aparición del Corona Virus se transformó en una shock político, económico y social que nos llena de incertidumbre. Ya hemos sido atravesados por otros shocks pero, dadas sus particularidades, sentimos que no nos afectaron tanto. El nuevo orden mundial surgido de las dos posguerras mundiales, de la caída de las torres gemelas o de los desastres naturales como el huracán Katrina han sido escenarios aprovechados para implementar medidas de excepción. Naomi Klein en La Doctrina del Shock explica cómo algunos fenómenos extraordinarios son aprovechados para realizar cambios radicales en el sistema. Toma el caso del huracán Katrina que azotó Nueva Orleans en el año 2005 y que causó miles de muertes y el 80% de su población desplazada. Fue la primera vez que se expusieron de manera tan evidente las debilidades estructurales de la sociedad norteamericana. Este evento fue utilizado por el economista Milton Friedman para recomendar, a través de un artículo de opinión en The Wall Street Journal, que los millones de dólares destinados a la reconstrucción de la ciudad se redirigieran a las escuelas privadas para que ellas puedan absorber a los alumnos que quedaron sin lugar donde asistir. Klein cuenta que “la administración de George W. Bush apoyó sus planes con decenas de millones de dólares con el propósito de convertir a las escuelas de Nueva Orleans en ‘escuelas charter’, es decir, escuelas originalmente creadas y      construidas por el Estado que pasarían a ser gestionadas por instituciones privadas con sus propias reglas”. Esta transformación educativa que se dio en tiempo récord (19 meses) contrastó con las grandes demoras que demandaron, por ejemplo, la reparación de la red eléctrica. De esta manera, si antes de Katrina, Nueva Orleans tenía 123 escuelas públicas, después del huracán sólo gestionaba 4. Este relato demuestra que, antes situaciones de shock, las medidas pueden ser  nuevas oportunidades de negocios que culminan en un total retroceso de derechos y libertades.

transitoCómo obtener el nuevo permiso de circulación para personal esencial durante la cuarentena

Más incertidumbre

Ante la falta de respuestas concretas y ante un futuro que pronosticamos incierto, el actual sistema de creencias también puede modificarse. Nuestra actitud hacia la política, lxs políticxs, los medios hegemónicos de comunicación, la medicina y la ciencia serán transformados. Asistimos al masivo incumplimiento de la cuarentena en todo el mundo por falta de credibilidad en las medidas oficiales. “¿Por qué creerle a un político?” “Nunca piensan en la gente” y otras frases fueron las excusas para creer que se estaba exagerando sobre el impacto del virus. Tal vez esto también cambie.

Por otro lado, el capitalismo nos hizo creer que si ejercemos nuestra libertad individual por completo, el sistema funcionará. Pero ahora, la pandemia nos demuestra lo contrario: si sólo actuamos de forma individualista, el sistema colapsa. ¿Cómo vamos a resolver esa contradicción? ¿Es posible resolverla?

Un camino es resolverla con más individualismo y sentarse a esperar las consecuencias. Otra vía es con más solidaridad, con nuevos lazo comunitarios, con más organización social, con nuevos patrones de consumo. Pero surgen nuevos interrogantes: ¿cómo reemplazar el consumo como un placebo que adormece otros deseos? ¿Cómo una sociedad que consume hasta el límite va a reconvertirse sólo adquiriendo lo básico para sobrevivir? ¿Hacia dónde canalizará esos impulsos? ¿Cómo explicamos el desenfreno de muchxs por salir de vacaciones ante una epidemia que mata cientos de personas por día? ¿Será que el disfrute individual nos ciega ante una catástrofe tan cercana? ¿Vemos en los viajes por el mundo tal signo de estatus social que preferimos darle prioridad a salvar nuestra propia vida? ¿Realmente creemos que allí reside la libertad individual y la elección en un sistema que ya tiene (casi) todo predeterminado? ¿Es el entretenimiento un valor superior a la preservación de la vida en el siglo XXI? En algunos meses lo sabremos.

¿Un nuevo neoliberalismo?

Si hay algo que parece cierto es que el neolibralismo no va a desaparecer, sino, tal vez, va a reconvertirse. Cuando nos desayunamos con la tapa del diario La Nación con sólo una publicidad de Mercado Libre (sí, libre mercado), como una especie de recordatorio de que aún vivimos el aquí y el ahora, como mínimo me permito dudar. Las grandes corporaciones no van a desaprovechar esta oportunidad para intentar relegitimarze ante una sociedad en plena confusión: empresas de lujo como Gucci, Saint Laurent o Balenciaga anunciaron que fabricarán barbijos para colaborar pero imprimiendo sus marcas a la vista, por supuesto. Las mismas empresas que explotan a sus trabajadores, que imponen patrones de belleza excluyentes y que ofrecen prendas que quintuplican un salario mínimo, son las que pretenden conducir el nuevo tiempo. ¿Seremos capaces de proponer una alternativa?

Fuente: Revista PPV

Por Miguela Varela

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