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Facundo Moyano: “Con un 40% de trabajadores no registrados, tenemos que discutir el sistema laboral, impositivo y previsional”

El diputado del Frente de Todos propuso debatir "modificaciones" en la legislación laboral para combatir el trabajo en negro, además de aportes patronales diferenciados y un régimen indemnizatorio distinto. Dijo que su padre, el líder de Camioneros, apoya la discusión de estas ideas. Destacó que sigue faltando democracia sindical en muchas organizaciones

Sindicatos 22 de junio de 2020 Colaborador Colaborador
Facundo-Moyano

“Es algo revolucionario que se debería hacer y sólo podría hacerlo el peronismo”. ¿A qué refiere Facundo Moyano? Nada menos que a cambiar la legislación laboral argentina, ese compendio intocable de normas que protegen al trabajador, aunque desde hace décadas no alcanza para proteger el empleo genuino porque, como advirtió el diputado y ex sindicalista, el trabajo en negro representa el 40% del mercado laboral.

Con una Ley de Contrato de Trabajo y convenios colectivos que provienen de la década del 70, que es como decir que son propias de un mundo y de un país que ya no existen, esa misma desactualización de las leyes termina desprotegiendo a los trabajadores en un siglo XXI con desafíos que cambian velozmente.

Parece imposible que algún dirigente del peronismo se anime a relativizar la vigencia de la sacrosanta legislación laboral porque se trata de una herejía imperdonable. Por eso el valor de las definiciones del legislador del Frente de Todos que en 2014, cuando todavía conducía el gremio de peajes, se metió con otro tema tabú para el viejo movimiento de Juan Domingo Perón: la democracia sindical.

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En la entrevista con Infobae, el hijo de Hugo Moyano propuso que la dirigencia también se atreva a debatir el esquema impositivo y el sistema previsional, aunque, consciente de la repercusión que tendrán sus palabras, insistió en varios momentos de la charla que habla de “modificar la legislación laboral” y no de una “reforma laboral”, algo difícil de entender desde la semántica, pero sí, obviamente, por las posibles reacciones dentro de un peronismo que asimila cualquier cambio en este rubro con el neoliberalismo más salvaje.
 
-En la reunión informativa de la Comisión de Legislación del Trabajo de Diputados, el martes pasado, usted habló de la necesidad de modificar la legislación laboral porque hay un 40% de trabajo no registrado. Es raro que lo proponga un peronista. ¿Qué cree que habría cambiar?

-Es auspicioso que estemos debatiendo en la comisión proyectos como el de la regulación del teletrabajo o que tengamos previsto discutir el de los trabajadores de plataformas como Glovo, Rappi o Pedidos Ya, que hoy se encuentran en una situación de precarización laboral. Pero esto es la punta del iceberg. El problema del trabajo no registrado va a seguir existiendo porque va más allá de las regulaciones específicas. Si defendemos a los trabajadores hay que dar una discusión más profunda, por ejemplo acerca de un sistema impositivo integral. Ese 40% de trabajadores no registrados nos obliga a debatir el sistema impositivo y el sistema laboral, aunque con esto no estoy diciendo que Macri tenía razón sobre una reforma laboral.

-Pero una reforma laboral no es mala en sí misma. Reformas laborales también hizo el peronismo y con un contenido flexibilizador, como hizo Menem y que apoyaron muchos sindicalistas.

-La palabra reforma no es mala en sí misma, pero no quiero una reforma que venga a quitar derechos, a flexibilizar en el mal sentido. ¿Hay que modificar el sistema laboral? Claramente hay que modificarlo. Porque la realidad está marcando que hay aspectos que hay que modificar. Si no, no tendríamos un 40% de trabajo no registrado que no depende de que la Argentina crezca o no: tuvimos diez años de crecimiento económico continuado, a tasa chinas, pero, sin embargo, el trabajo no registrado nunca bajó del 30%.

-¿Habla de la anterior etapa kirchnerista?

-Gracias a muchas medidas que tomó el gobierno de Néstor (Kirchner) y al principio del gobierno de Cristina, la Argentina crecía al 6, 7, 8 y hasta el 9%, pero el trabajo no registrado siguió existiendo. Y eso no es un número sino trabajadores que no le pueden brindar salud a su familia, que no tienen cobertura en caso de accidente, que no hacen aportes jubilatorios y le provocan un agujero a un sistema previsional que está desfinanciado, en crisis, porque tenemos un 40% de la economía en la informalidad. Más allá de las urgencias que tenemos hoy por la pandemia, hay que empezar a discutir este problema. Podemos sacar miles de leyes para teletrabajadores y trabajadores de plataformas, pero la realidad es que el 90% de los trabajadores gastronómicos de Mar del Plata no va a estar registrado. ¿Y qué vamos a hacer? ¿A cerrarle el bar al dueño que tiene cinco empleados? No, porque estaríamos perjudicando al trabajador. ¿Acaso alguno desconoce que hay una economía totalmente en negro? No, los datos sobre la informalidad son del Ministerio de Trabajo.

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-¿Qué habría que hacer, entonces?

-Primero hay que reconocer el problema. Habría que debatirlo con responsabilidad y seriedad entre las organizaciones sindicales y el sector empresario, en un diálogo articulado por el Estado nacional.
 
-¿El problema es una legislación laboral muy rígida, los altos costos laborales?

-Hay ciertos aspectos que no podemos dejar de abordar. Por ejemplo: ¿tiene que pagar lo mismo por un trabajador un quiosco o un comercio de cinco empleados que Autopistas del Sol? No, entonces ahí hay que poner el acento. No es igual el margen de ganancia ni la misma productividad porque no es la misma rentabilidad. Tiene que haber normales generales para todos, pero también tiene que haber normas diferenciadas. No estoy mirando cómo beneficio al empresario para que tenga menos costos, sino cómo beneficio a ese trabajador que no tiene derechos porque es el que está sufriendo.

-Desde la política se suele demonizar al empresario y eso tampoco ayuda a solucionar los problemas.

-El 40% del mercado laboral de la Argentina no tiene derechos. Miro eso y no cómo beneficiar al empleador. Aunque también es fácil decir que los empresarios son todos malos y viven a costa del trabajador. Puede haber muchos que sí, pero no creo que el 40% de los trabajadores no estén registrados porque el empresario sea malo. Hay un sistema que tenemos que discutir entre todos. La informalidad laboral no es sólo un problema para los trabajadores. Es un problema para la Argentina. Si no discutimos el sistema laboral, no vamos a poder discutir el sistema impositivo, y si no discutimos el impositivo tampoco lo podremos hacer con el previsional. Pero tiene que haber un Estado con un gobierno peronista que tenga las herramientas para empezar a debatir este tema. Es algo revolucionario que se debería hacer y sólo podría hacerlo el peronismo.

-De todas formas, ese sistema del que usted habla estuvo sostenido desde hace décadas en la Argentina incluso por los gobiernos peronistas. ¿Qué cambios haría a nivel impositivo?

-Se intentó hacer durante el kirchnerismo, en 2014, cuando discutimos una ley de blanqueo de trabajadores. No fue efectiva. De hecho, ese fue un año en el que se produjeron muchos despidos, la economía tuvo altibajos y hubo una pérdida del poder adquisitivo. El macrismo hizo una quita de contribuciones patronales que tampoco tuvo efecto. Eso ya está. Ahora empecemos a consensuar y a hablar sobre soluciones. Yo dialogo con prácticamente todos los sindicatos y conozco a los actores del mundo empresario. Vengo charlando sobre este tema con la UIA Joven (el espacio sub-40 de la entidad industrial).

-¿Tienen coincidencias?

-Hay muchas, por lo menos en que hay que discutirlo. Después habrá diferentes propuestas. Por ejemplo, una propuesta de un régimen de indemnizaciones parecido al de la construcción, donde no hay litigiosidad. Hay un dato interesante sobre ese tema: en una charla con los trabajadores de la industria textil, que fue una de las que más padeció durante la etapa de Macri, me dijeron que sólo el 30% de todos los despedidos de la actividad cobró la indemnización. Entonces ahí hay un problema, una cuestión a discutir.
 
-¿Siente que sus colegas políticos lo van a apoyar en esta propuesta? Hace seis años, cuando usted presentó el proyecto de ley sobre democracia sindical los dirigentes gremiales lo dejaron solo.

-Era un tema interno de los sindicatos. Acá estamos hablando de un problema de la economía que va a seguir existiendo aunque haya crecimiento. Esto lo he planteado en la Comisión de Legislación del Trabajo, lo charlé con varios diputados y también con mi padre, inevitablemente.

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-¿Y Hugo Moyano está dispuesto a respaldarlo?

-Por supuesto. No tiene dudas de que quiero que el trabajador que no tiene derechos, los pueda tener. Y el que ya los tiene, tenga un poco más. El sabe que hay un sistema previsional agujereado y un sistema laboral que solamente contiene al 40% de los trabajadores. ¿Qué hacemos con el resto?

-¿Se arrepiente de haber presentado el proyecto para incentivar la democracia sindical?

-No.

-La democracia sindical sigue siendo una asignatura pendiente en la Argentina.

-Bueno, yo la practiqué. Terminé mi mandato de dirigente sindical, lo limité, son cambios que provocan más democracia. Nos autorregulamos porque no existió la posibilidad de discutir una ley. Pero no me arrepiento.

-¿Por qué la democracia sindical es un objetivo tan complicado de alcanzar?

-Es todo un debate porque las asociaciones sindicales no son públicas, los dueños son los trabajadores. Entonces son los trabajadores los que tienen que regularlas. Yo lo hice de esa manera.
 
-Pero usted sabe que en muchos sindicatos los trabajadores no pueden acceder a los mecanismos de organización y de decisión. Es común que los dirigentes limiten la participación interna para que no haya opositores y así perpetuarse en el poder.

-Por eso propuse una ley. Pero no se trata solamente de la limitación de los mandatos, es más democracia: hay organizaciones sindicales donde hay más requisitos para presentarse como candidato a secretario general que los que existen para ser presidente de la Nación. Eso no está bien. O que en un país en el que para elegir un Presidente tenemos el voto directo, en algunos sindicatos todavía exista una democracia indirecta.

-Sería muy fácil de modificar desde el poder político. ¿Por qué no hay voluntad de hacerlo?

-Porque hay toda una discusión. Antes de presentar el proyecto recogí muchas experiencias, hablé con el presidente de la Fundación Ebert: en Alemania no es así, el Estado no regula el funcionamiento interno de los sindicatos. Hay una discusión de hasta dónde el Estado debe intervenir en el funcionamiento interno de una entidad privada. Es cierto que acá hay mecanismos y estatutos que no permiten que el trabajador tenga la más mínima incidencia. No hubo consenso para cambiarlos. No significa que más adelante no se pueda lograr.

-¿Su papá estuvo de acuerdo en usted promoviera la democracia sindical?

-Me dijo que estaba perfecto. En Camioneros, a Hugo Moyano lo votan 120.000 trabajadores. Hay otros dirigentes que tienen 700.000 afiliados, pero los votan solamente 300. En algunos sindicatos, el que quiera presentar una lista tiene que haber sido antes secretario general o reunir avales del 3% en todo el territorio nacional. Ahí no podés competir nunca. Es imposible.

Fuente: Infobae

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